Transformaciones de la viticultura del Sur de Mendoza en la década de 1990

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1.1. 2.3. Cambio en la agrupación de variedades por parcela cultivada

TraLos datos del VI Censo Vitícola Nacional, correspondiente al año 2001, muestran que el departamento de San Rafael presentaba el 48,55% de su superficie con viñedos puros en las parcelas (Cuadro N° 4). Esta variable es un indicador de calidad, ya que permite la elaboración de vinos varietales puros o cortes con otras variedades en proporciones definidas por el técnico o enólogo. Aún así el 36,56% de la superficie tenía las variedades mezcladas al azar (INV, 2001).

Cuadro N° 4: Superficie cultivada con vid (en ha) según agrupación de variedades en parcelas en San Rafael, 1990 y 2001.

San Rafael

1990

2001

Superficie (ha)

%

Superficie (ha)

%

Mezcladas al azar

10.666,1858

49,24

5.916,4216

36,56

Entre hileras

2.844,2211

13,13

1.970,6820

12,18

Puras

7.378,0695

34,06

7.857,0813

48,56

Consociadas

773,3290

3,57

436,8368

2,70

Total

21.661,8054

100

16.181,0217

100

Fuentes: Elaboración propia sobre la base de INV, V Censo Vitícola Nacional, Mendoza, 1991; e INV, VI Censo Nacional, Mendoza, 2001.

Si bien la variable “puras” indica que era posible realizar una mejor cosecha respecto de la tipicidad de los varietales, la variable “mezcladas al azar” muestra lo contrario. En estas parcelas era casi imposible realizar una cosecha seleccionando variedades para su vinificación por separado. Lo cual, en definitiva, influía en la calidad del vino producido a partir de esta materia prima.

El retroceso de la superficie cultivada con otras formas de agrupación de variedades (mezcladas entre hileras, mezcladas al azar y consociadas con otros cultivos) representó 5.959,7955 ha. en el mismo período en San Rafael (Cuadro N° 4) (INV, 1990, 2001). Si consideramos esta variable, el cambio producido entre 1990 y 2001 fue del orden del 14,50% a favor de la plantación de variedades puras en cada parcela.

Se ha comprobado, mediante las respuestas a las entrevistas y lo observado personalmente, que las nuevas plantaciones realizadas durante el período en estudio tenían en cuenta la agrupación de las variedades en cada parcela. 

2.4. Labores agrícolas

Las labores agrícolas del viñedo incluyen los trabajos que se realizan desde el momento anterior a la plantación de la vid hasta su cosecha (16).

En la preparación de los terrenos para las nuevas plantaciones, además de la nivelación necesaria para el riego, también se realiza el desfonde con grandes arados que pueden llegar a remover el suelo hasta 0,7–0,8 metros de profundidad, volviendo a la superficie las capas más profundas. Esta práctica ha dado muy buenos resultados en zonas cultivadas desde mucho tiempo atrás (Tacchini, 2002).

El competitivo mundo de la vitivinicultura actual exige la máxima calidad en todas las etapas de producción, y ésta comienza con la elección de las plantas apropiadas. El concepto de calidad del vino está ligado principalmente a sus características organolépticas (17).

Prácticamente desde el inicio mismo del modelo, a fines del siglo XIX, se difundió la técnica de injertar una variedad noble de Vitis vinifera sobre pie americano o cruzas de americanas con europeas. La utilización de plantines de vid injertados sobre pie americano es un factor de sanidad y resistencia de los viñedos, como así también de calidad de la uva (18).

El complemento biotecnológico del portainjerto es la selección y reproducción del tipo masal y clonal de la variedad injertada (19). Estas técnicas que al comienzo fueron desarrolladas exclusivamente por los viticultores y viveristas franceses, hoy se pueden encontrar en Mendoza en diferentes viveros, con niveles biotecnológicos adecuados a los estándares internacionales (20).

Ello permite al productor, para cada variedad, elegir el clon con características diferenciales más adecuadas a las necesidades de la empresa, según su rendimiento, particulares organolépticas de la uva, ciclo vegetativo, sensibilidad a enfermedades, etc.

Aparte de la resistencia a los nemátodos de distintos géneros como la filoxera (21), las vides provenientes de la selección clonal permiten tener control del vigor para el desarrollo vegetativo y productivo, y diversos grados de adaptación a distintos tipos de suelos; son productos testeados sanitariamente. Por ejemplo, algunos productos ofrecidos se encuentran libres de los cuatros virus de mayor incidencia en la vitivinicultura argentina (22).

Aún así los investigadores resaltan la importancia de la riqueza genética del encepado de malbec argentino dada su adaptación a las condiciones del medio y, por otro lado, marcan algunos problemas del uso de clones de esta variedad que “prácticamente han sido descartados para su cultivo” (Ojeda, 2001:48).

También se ha introducido el uso de tubos protectores para viñedos. Estos tubos de polipropileno, colocados alrededor de la cepa plantada, la protegen y aceleran el crecimiento, producen un efecto invernadero durante el invierno, alargan el período vegetativo, disminuyen los riesgos del trasplante, mantienen los niveles de humedad en verano y evitan el desbrote por su formación por vía natural, entre otras ventajas (23).

Estos tubos eran parte del paisaje de las parcelas implantadas a fines de la década de 1990 en los distritos Cañada Seca, Cuadro Nacional, Las Paredes y Real del Padre.

Pensar en calidad en los viñedos, según las actuales tendencias, es hacerlo en términos de la obtención de un viñedo balanceado. Es decir un viñedo que produzca la cantidad adecuada de fruta, que la superficie de hojas y la cantidad de racimos se encuentre en sincronismo, que se pode para reflejar ese balance, con riego adecuado y que todas las operaciones sean realizadas a tiempo para no perjudicar la calidad de la uva (24).

Con respecto al equilibrio productivo y como parte de las nuevas técnicas de manejo del viñedo, se introdujeron controles más científicos sobre la poda. Como adelantamos, actualmente está orientada a mantener un equilibrio entre la superficie foliar y la cantidad de racimos. Es fundamental un manejo integral del viñedo para obtener buenos rendimientos compatibles con la calidad. También se destacan la determinación exacta de la época más conveniente de cosecha y los cuidados de la uva que es llevada en cajas a bodegas, eliminando las impurezas y evitando el escurrimiento (Tacchini, 2002).

En el contexto mundial de mecanización generalizada de las labores agrícolas, existen vendimiadoras y podadoras para los cultivos de vid en espaldera alta. En el oasis Norte de Mendoza, algunas bodegas líderes importaron las primeras máquinas vendimiadoras a mediados de los años ’70 (Pérez Romagnoli, 2000). En esa época el diseño no estaba muy perfeccionado y en todo el mundo se consideraba que la vendimiadora debía reservarse a los viñedos de producción masiva, por el maltrato de las vides y la gran cantidad de hojas que incorporaba a la cosecha de uvas. Actualmente esos problemas han sido solucionados en gran medida. Su uso tiene múltiples ventajas, pero las que serían más relevantes en Argentina son la posibilidad de evitar que las uvas lleguen demasiado calientes a la bodega (debido a las altas temperaturas que se registran durante el período de cosecha) y también evitar problemas de escasez, capacitación y costo de la mano de obra en el período de cosecha (25).

Sin embargo, en los viñedos con uvas destinadas a elaborar vinos de calidad se continúa con la cosecha manual, ya que ésta permite un manejo más cuidadoso del racimo y la ausencia de hojas. Estos aspectos también influyen en la calidad del producto final.

La extensión a cantidades significativas de productores y a grandes superficies de la mecanización de la cosecha de uva no es una transformación factible en el cultivo de vid en Mendoza en el corto plazo. Desde un punto de vista técnico, las plantaciones y los sistemas de conducción no siempre lo permiten –por ejemplo, por la distancia a la que están plantadas las hileras- y, como dijimos, no es recomendado para las uvas de mayor calidad enológica destinadas a la elaboración de vinos varietales de alto precio que siguen las actuales tendencias del mercado –porque no permite distinguir la madurez de los racimos, no garantiza su integridad física y puede acarrear hojas-. Desde un punto de vista económico, la escasa extensión de los predios cultivados con vid en muchos casos y en otros, el tipo de uva y su valor en el mercado –variedades como Criolla grande, Moscatel rosado, Cereza, Pedro Giménez-, hacen que la mecanización de su cosecha no sea rentable para el productor.

3. A modo de síntesis

Las variables analizadas en esta oportunidad muestran que las transformaciones ocurridas durante la década de 1990, en el marco de la aplicación de políticas neoliberales y de los efectos de la globalización en Argentina, tienen dos aspectos prácticamente opuestos. Por un lado se encuentran los productores vitícolas que, siguiendo las tendencias del mercado consumidor, reconvirtieron sus viñedos. Fueron los que cambiaron las variedades producidas por otras de mayor aptitud enológica, organizaron las parcelas de manera de mantener su pureza, e implementaron labores culturales de acuerdo a los actuales criterios de calidad (preparación del terreno, uso de portainjertos y tubos, manejo balanceado mediante la poda y cosecha manual). La reconversión varietal implicó reemplazar variedades como Criolla grande, Moscatel rosado, Cereza y Pedro Giménez, por otras como la variedad insignia de nuestro país –Malbec-, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Chardonnay.

Por otro lado, las estadísticas indican que han quedado fuera de la actividad una importante cantidad de productores, expresados en la pérdida de superficie cultivada con vid, que en definitiva significa la destrucción de un importante capital productivo.

Con respecto a las diferencias entre los dos oasis de Mendoza, concluimos que el Sur perdió mayor cantidad de superficie vitícola que el conjunto de los departamentos del oasis Norte durante la década de 1990.

   


[16] La vid da frutos por primera vez al cuarto año de haber sido plantada.
[17]  Las propiedades organolépticas provienen de la disolución de diferentes compuestos odorantes. El aroma que proviene de la uva, aroma varietal del vino, es la expresión aromática de diversos compuestos químicos que se biosintetizan en la planta. La cantidad de estos compuestos en las uvas dependerá del cepaje, grado de madurez, de la zona donde esté implantado el viñedo y las prácticas vitícolas realizadas que pueden favorecer o desfavorecer su biosíntesis en la planta (Los Andes, Mendoza, 3 de mayo de 2003).
[18]  Las plantas de pie franco expresan sólo las características propias de cada variedad.
[19] Sobre este tema y referido a la variedad emblemática Argentina, ver Ojeda, 2001.
[20]  El trabajo con los portainjertos en los viveros incluye la utilización de cámaras frigoríficas y de calefacción con temperatura y humedad controladas, el proceso de injertación (la unión del pie con la púa generalmente se realiza mediante el injerto tipo “Omega”), el parafinado que evita infecciones y favorece el prendimiento, la plantación en tierras preparadas y desinfectadas anualmente con biocidas de amplio espectro, protegidas generalmente con malla antigranizo. En todas las etapas se realizan selecciones para mantener la calidad. Finalmente se podan e identifican con un rótulo que indica la variedad y el portainjerto según las normas vigentes. Información del Ing. Cristóbal Sola del vivero Mercier, recogida durante una visita al mismo.
[21] En Argentina la filoxera existe, pero no produce daños económicos apreciables. La mayoría de los agrónomos lo atribuyen al abundante riego que reciben las vides. La filoxera no resiste altas concentraciones de humedad en el suelo. Pero la adopción del riego por goteo es un factor a considerar si no se poseen viñedos injertados sobre pie americano.
[22] Estos son: Fan-Leaf; Virus A y Leaf Roll I y II. Ver también las opiniones y experiencias al respecto reflejadas en el artículo de Ojeda (2001).
[23]  Los tubos se utilizan para proteger las plantas también del uso de herbicidas, los pequeños animales, la erosión eólica, el granizo, el daño por el uso de implementos y las quemaduras de hojas por el sol. Por su utilización, la primera cosecha se adelanta hasta un año.
[24] Actualmente se ha difundido en algunos círculos la hipótesis defendida por algunos técnicos norteamericanos, franceses y, en Mendoza, por el Ing. Ángel Gargiullo sobre la relación inversa entre calidad enológica y altos rendimientos del viñedo. De todas maneras, todavía no ha logrado suficiente credibilidad y hay muchos viticultores que continúan con sus formas tradicionales de producción (Tacchini, 2002).
[25] Las entrevistas realizadas muestran que esta situación se dio en la cosecha 2003 en San Rafael.
   

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